Reportaje

El Fondo de Solidaridad de ONUSIDA brinda su ayuda a las trabajadoras sexuales en Ghana

04 de febrero de 2022

Susana Dartey creció en Jamestown, uno de los distritos más antiguos de Accra, Ghana, y allí fue testigo del abuso y la explotación diarios a los que se enfrentan las trabajadoras sexuales. Precisamente fue aquello lo que la inspiró a crear la Alianza de Mujeres por la Dignidad (WODA, por sus siglas en inglés) para capacitar a las trabajadoras sexuales y combatir las desigualdades a las que se enfrentan.

«Puesto que en Ghana el trabajo sexual es ilegal, nuestros miembros han sido víctimas de un gran abuso que encima no pueden denunciar por el miedo a ser arrestadas», destaca la Sra. Dartey, directora ejecutiva de WODA. WODA ha pasado de estar formada por un único miembro en 2016 a contar con un personal formado por un equipo de 16 mujeres, todas ellas extrabajadoras sexuales y trabajadoras sexuales en activo. «En este mismo barrio, yo descubrí en el teatro mi arma para alzar la voz, y me di cuenta de que podía usar la misma metodología o técnica para dar voz a estas mujeres», añadió.

En Ghana existen dos categorías de trabajadoras sexuales: las itinerantes y las que tienen su sitio asignado. Las itinerantes se desplazan hacia donde están sus clientes, mientras que las que tienen su sitio asignado desempeñan su oficio en su casa o en un burdel. En el año 2020, se calculó que la prevalencia del VIH entre las trabajadoras sexuales en Ghana era del 6,9 %.

La pandemia de la COVID-19 ha supuesto un reto para las trabajadoras sexuales de Ghana, ya que las restricciones de confinamiento han obstaculizado su capacidad para trabajar. Las trabajadoras sexuales del país también han admitido sentirse excluidas del apoyo que las autoridades han brindado a la sociedad en su conjunto durante la pandemia.

Para hacer frente a estos obstáculos, la Sra. Dartey está decidida a capacitar a las trabajadoras sexuales con el objeto de que se conviertan en modelos a seguir para las mujeres de su comunidad a través del proyecto Women Empowered Through Social Entrepreneurship, que cuenta con el apoyo del Fondo de Solidaridad de ONUSIDA.

Para abordar los problemas socioeconómicos provocados por la pandemia de la COVID-19, la WODA está promoviendo empresas sociales con gran potencial establecidas, lideradas, respaldadas y ampliadas por las propias trabajadoras sexuales, con el objetivo de capacitar a hasta 400 trabajadoras sexuales, ya sea directa o indirectamente.

Las tres áreas que el programa abarca son la formación en materia de generación sostenible de ingresos, la facilitación de la prevención de la COVID-19 entre las trabajadoras sexuales y la creación de una oportunidad para que estas mismas ejerzan de agentes del cambio en sus comunidades.

La Sra. Dartey explicó de qué manera las trabajadoras sexuales están formándose en cuestiones tan diversas como los tratamientos de belleza, la fabricación de jabón, la producción de golosinas, la elaboración de pan y la decoración floral. Las beneficiarias del proyecto están formadas en las prácticas operativas de las empresas sociales y tienen la oportunidad de aprender habilidades empresariales de expertos.

«Llevo ocho años dedicándome al trabajo sexual itinerante, y nunca antes había experimentado el tipo de dificultades que la COVID-19 ha supuesto para el desempeño de mi oficio. Antes del comienzo de la COVID-19, diariamente podía llegar a ganar hasta 230 cedis de Ghana, pero a día de hoy me cuesta incluso llegar a 50 cedis de Ghana. Cuando Susana me informó sobre la iniciativa de apoyo del Fondo de Solidaridad de ONUSIDA, la idea me encantó. Para mí es fascinante contribuir a que las mujeres se vean bien, por lo que estoy deseando aprender técnicas de pedicura, manicura y maquillaje para hacer de ello mi medio de vida», apuntó una de las beneficiarias del programa.

Para ayudar a los grupos de población clave y a las comunidades vulnerables a sobrevivir a las dificultades que trae consigo la pandemia de la COVID-19, es vital apoyar soluciones sostenibles que generen ingresos y emerjan de esas mismas comunidades. El Fondo de Solidaridad de ONUSIDA nació para poner de relieve el ingenio de los grupos de población clave al permitir el acceso a la financiación para establecer empresas sociales sostenibles.

«Mi esperanza es reunir a estas mujeres para ayudarlas a fijarse su objetivo. Este proyecto mira al futuro, a su futuro y, al final del proyecto, las trabajadoras sexuales habrán creado empresas sociales que les pertenecen», subrayó la Sra. Dartey cuando se le preguntó sobre sus esperanzas con respecto al proyecto.

Una beneficiaria del proyecto cuya meta es establecer un estudio de maquillaje señaló: «Conocí a Susana a principios de 2021 y ahí nació mi nuevo yo. Gracias a WODA, hoy me siento orgullosa de saber maquillar y hacer pelucas. También insta a legalizar el trabajo sexual. «Quiero que el trabajo sexual sea una actividad legal, para que la policía deje de arrestarnos y abusar de nosotras», añadió.